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 Ernesto Epstein
Richard Strauss & Stefan Zweig: una documentación
Siempre cuando un régimen autoritario asume el poder -sea mediante una revolución, un golpe de Estado o "legalmente" la comunidad entera y los individuos son sometidos a una prueba. Consenso, sumisión a oposición parecen ser las únicas alternativas, cada una en diferentes formas y medidas. El artista creador no puede sustraerse de este compromiso; muy por el contrario, ya que el arte no puede prosperar, ni siquiera sobrevivir, sin respirar el oxígeno de la libertad. Si faltara una prueba, basta con hacer memoria: ¿cuántas -mejor dicho, cuán pocas- obras de arte de cierta significación han visto la luz en los años -¡y fueron muchos!- del regimen stalinista, del fascismo italiano o del nazismo alemán? Un solo dato es suficiente: entre 1933 y 1944 se estrenaron en Alemania 174 óperas de compositores alemanes: ninguna se ha mantenido en el repertorio de los teatros líricos, ni siquiera en Alemania! Como dijo el compositor Hans Werner Henze, uno de los más acérrimos opositores al régimen de Hitler: "Solo con constatar que la música bajo el fascismo -mejor dicho, la música permitida por los fascistas- fue banal y estúpida, no se ha dicho mucho... Aun los artistas más mediocres han tenido cierta repugnancia ante la mentira". Efectivamente, donde ideólogos fanáticos, funcionarios obsecuentes y burócratas ignorantes deciden lo que es permitido y lo que no lo es; donde se imponen conceptos como "formalismo burgués", "el sano sentir del pueblo", "arte degenerado o destructivo", "Música desde el pueblo para el pueblo", para el artista honesto y responsable solo quedan las alternativas del silencio, del exilio o de la persecución.
Decíamos antes que en estas circunstancias las personas son sometidas a una dura prueba y para definir con mayor precisión las distintas posibilidades, tales como se dieron entre los músicos en la Alemania nazi, podemos consignar las siguientes formas de comportamiento: identificación sincera con la "filosofía" y los objetivos del régimen (estos, por las razones expuestas, fueron los menos); identificación simulada para evitar ciertos peligros; oportunismo que puede oscilar entre el aprovechamiento relativamente inocente de la situación reinante hasta las formas odiosas de la calumnia, de la denuncia de supuestos "enemigos" del Estado para usurpar sus puestos o conseguir favores y ventajas de toda índole. Hubo también quienes se plegaron aparentemente al régimen, aceptando los cargos que se les ofrecieron para evitar males mayores, para conservar la tradicional cultura alemana, a veces en la creencia -que pronto se revelaría como ingenua o utópica- de que dentro de algún tiempo razonable habría una mejoría, es decir un atenuamiento de las medidas opresoras y persecutorias por parte de las autoridades. Pero esta actitud encierra para quienes la adoptaron el riesgo de que se dude de su sinceridad, de la sospecha de que detrás de ella se esconde un puro interés personal, de que se les pueda acusar de hipocresía o cinismo.
Este fue -o pudo ser- el caso de Richard Strauss, quien quizá creía que podía hacer un pacto con el diablo y salir ganando. No seremos tan pedantes como para poner en tela de juicio a una personalidad tan eminente que en esa época -Strauss tenía 69 años cuando Hitler llegó al poder- fue considerado como el más prestigioso compositor alemán no solo en su patria sino en todo el mundo musical. Pero su caso es paradigmático y el intercambio epistolar que mantuvo con Stefan Zweig -autor del libreto de la ópera La mujer silenciosa- es un valioso testimonio de esa inevitable ambigüedad en que se incurre cuando los intereses personales -artísticos, sociales o económicos- colisionan con las disposiciones de un régimen riguroso y despiadado.

***

Después de la muerte de Hugo, von Hofmannsthal -autor de los libretos de Elektra, Caballero de la Rosa, Ariadna en Naxos, La mujer sin sombra, Arabella y Elena egipcíaca, ocurrida en 1929, Strauss buscaba desesperadamente al poeta que pudiera suministrarle libretos para futuras obras dramáticas. Finalmente se encontró con el escritor judío Stefan Zweig, quien admiraba a Strauss sobremanera. A fines del 1931 Zweig había hecho llegar al compositor el facsímil de una carta de Mozart a su pequeña prima en Augsburg, publicado en un reducido tiraje.

Strauss agradece la atención: "Estimado senor Zweig: ¡su amable carta y el encantador Mozart me causaron una gran alegría! Le interesará saber que poseo una carta original del Divino -también a la prima- pero, desgraciadamente es tan decente que hasta podría ser leída en una asociación mozartiana. Pero me gratificó particularmente su intención de visitarme y hasta con un plan musical... Quizá puedo confesarle que es lo que me gustaría tener del autor del Cordero del pobre, del Volpone y del maravilloso Fouché. Me falta entre las mujeres representadas en mis óperas un tipo que por mi vida me gustaría componer: la mujer como estafadora o la Grande Dame como espía; pues aunque esté completamente fuera de moda, me encanta El vaso de agua de Scribe y la última carta de Sardou".

Así se inicia una estrecha relación y, antes que nada, un extenso intercambio epistolar en que se barajan los mas diversos planes hasta que, en una esquela que manda Strauss a Zweig con fecha de 13 de junio de 1932, aparece por primera vez la palabra "Mrosus" (protagonista masculino de La mujer silenciosa). "Para el caso de que no le fuera posible enviarme en los próximos días el prometido esbozo del contenido de Sir Morosus y, si fuera posible, escenas terminadas del primer acto que espero ansiosamente -ya que el verano es mi época de composición- le comunico mi dirección..." Pocos días después Strauss escribe: "Repito con entusiasmo: es encantador -la verdadera ópera cómica, una idea de comedia que puede ubicarse al lado de las mejores de su género; para la música tan indicada como ni el Figaro ni El barbero de Sevilla".

No seguiremos paso a paso el lento parto de esta obra cuyo libreto fue terminado a principios del fatídico año 1933. Los problemas aparecen cuando se prepara el estreno de la ópera, previsto para 1935 en el Teatro de Opera de Dresde en que habían sido representadas por primera vez siete operas anteriores de Strauss. Zweig, para esta época, propone a Strauss aun varios temas más, quizás albergando la ilusión de que esta colaboración podría continuar.
En mayo de 1934 Strauss comunica a Zweig: "...Imagínese, el otro día me preguntan de parte del Ministerio de Propaganda si era verdad que estaba componiendo un texto de Arnold Zweig. Mi hijo rectificó inmediatamente y el otro día volví a mencionar el asunto en una conversación con el Dr. Goebbels... Le pregunté directamente si había algún reparo político contra su persona a lo que el ministro contestó ¡no! Así que no tendremos dificultades con Morosus".

Pasaremos a citar textualmente extractos de algunas cartas intercambiadas durante los dos años siguientes entre los dos artistas de las que se desprende claramente la problemática señalada al comienzo de este artículo.

Zweig (26.vi.1934): "...Estimado doctor: supongo que por los desdichados acontecimientos Ud. no vendrá este año a Salzburgo. (La frontera entre Alemania y Austria fue prácticamente clausurada por los nazis.) Aquí, en un diario inglés se habló de dificultades con La mujer silenciosa. Un periodista inglés intentó entrevistarme pero no tuvo éxito. Puede Ud. estar seguro de que por mi parte no va a ocurrir nada que podría dar pie a interpretaciones o discusiones. Creo que apartarse y callar es lo que se impone: debemos hacer nuestro trabajo y no proveer a los diarios con chismes".

Strauss (desde Bayreuth): "...le comunico confidencialmente que Ud. ha sido vigilado en Londres. Su actitud fue considerada coma `políticamente inobjetable´. Por favor, no se aparte de ella y entonces todo saldrá bien con La mujer silenciosa". En otra carta Zweig explica las razones por las que decide no viajar mas a Alemania y propone a Strauss otro tema basado en un episodio de la Guerra de los treinta años. "No tengo ningún inconveniente en que Ud. entregue este plan a otra persona... así Ud. evitaría todos los enojos por la maldita política. (Sería la ópera Día de Paz, con libreto de Joseph Gregor, 1936.) Siempre tenga presente en su corazón que no estoy pensando en ganancias, en fama a honras literarias sino solo en la alegría de poder servir a un hombre en quien, desde mi infancia, veo el símbolo viviente de la música".

Strauss (21.ix.1934): "... ¿Ya le escribí que el Dr. Goebbels me comunicó que el Canciller del Reich (Hitler) autorizó la representación de La mujer silenciosa? Ahora estoy en tratativas con Dresde con respecto a las garantías necesarias... y las seguridades, lo que también me concedió de buen grado el Dr. Goebbels. Mi decisión definitiva sobre si hago represertar la obra el próximo verano en Dresde me la reservo hasta noviembre cuando pienso examinar el caso verbalmente con Goebbels hasta las últimas consecuencias. Le ruego encarecidamente siga trabajando en nuestros dos nuevos proyectos."

Strauss (21.xii.934): "... En el aburrimiento del adviento paso el tiempo componiendo para ese gentuza un himno olímpico, yo, el declarado enemigo y quien desprecia el deporte. Sí: `El ocio es el comienzo de todos los vicios´".

Strauss (5.ii.1935): "... En interés de nuestra "mujer silenciosa" le ruego que renuncie al Club Internacional de Música; de todos modos le recomiendo que tache su nombre de la lista de asesores... de la UNIO."

Zweig (18.ii. 1935): "...Le pregunté en una carta anterior si, en su propio interés, no sería deseable cierta postergación del estreno para evitar toda relación con los acontecimientos en el mundo musical (Furtwängler, etc.) y dejar que llegue el momento para una valoración puramente artística. El estreno de una ópera de Strauss debe ser, según mi convicción, un acontecimiento del más alto nivel artístico y no un affaire. Y ahora los ánimos en el mundo musical están aun muy agitados..." "...Lo que me escribe de la UNIO me asombra; ni sé si existe todavía, y aquel plan puramente artístico para el mejoramiento y la difusión de la ópera en ciudades mas pequeñas, nada tenía que ver con la política. Entre las seis óperas programadas había tres alemanas, entre ellas Arabella .... así que aun la interpretación mas insidiosa no podría detectar ninguna agresión contra Alemania, y Toscanini, quien firmó primero, acaba de inaugurar sus conciertos sinfónicos en Nueva York... ;con la danza de Salomé de Richard Strauss! Ud. sabe que yo me mantengo alejado de todo lo que tiene que ver con política y el hermoso plan, según sé, fracasó por dificultades materiales. Retractarme sería, de parte mía, una demostración que calumniaría una causa como política que jamás lo fue y el sacrifizio d´intelletto solo produce daño..."

Strauss (20.ii.1935): "Muchas gracias por su carta largamente esperada. En cuanto a lo que me comunica referente al C.I.M., referí verbalmente y por escrito a Berlín. Pero en cuanto a La mujer silenciosa desde que Hitler y Goebbels dieron su conformidad oficial, no hay nada que hacer, es decir no se puede postergar... el destino ha de tomar su curso. Pero para el futuro: si tengo la suerte de recibir de Ud. todavía uno o varios textos, que sea válido el acuerdo de que nadie se enterará de que yo haya recibido un libreto de Ud. como tampoco que estoy componiéndolo. Cuando la partitura esté lista, la pondré en una caja fuerte que solo será abierta cuando ambos creamos que ha llegado el momento oportuno de pensar en una representación".

Zweig (23.u.1935j: "... con respecto a un nuevo texto permítame escribirle con toda sinceridad. Ud. sabe de mi admiración y esto solo me da el derecho a la sinceridad. A veces tengo la sensación de que Ud. -y esto lo respeto mucho- no time conciencia de la magnitud histórica de su posición y piensa de modo demasiado modesto de sí mismo. Todo lo que Ud. hace se convertirá en historia; sus cartas, sus decisiones, alguna vez serán propiedad común como las de Wagner o Brahms. Por ello no me parece posible que hoy suceda algo ocultamente en su vida, en su arte, pues, aunque yo me abstuviera de toda palabra de que estoy trabajando para Ud., más adelante se sabrá y también que fue secretamente. Y esto, según mi criterio, estaría debajo de su nivel. Un Richard Strauss puede tomar cualquier decisión públicamente y no debe hacer nada secretamente para que nadie pueda decir jamás que Ud. haya eludido una responsabilidad. Por su obra grandiosa, que no tiene parangón en el mundo artístico, Ud. tiene el compromiso de que no lo cercenen en su libre voluntad artística. ¿Quién, si no Ud., tiene actualmente este derecho? Yo comprendo perfectamente las dificultades que se opondrían a una nueva obra nuestra si yo fuera el autor del texto; sería interpretado como un desafío. Y colaborar secretamente me parece, como dije, no digno de Ud. Mas estoy dispuesto con todo corazón a asesorar a quien podría trabajar con Ud.; esbozar algo para él y esto sin retribución material, sin que jamás me vanagloriara de ello, solo por el gozo de servir a su gran arte y de mostrar mi gratitud por haber hecho de La mujer silenciosa una obra maestra para el mundo".

Strauss (26.ii.1935): " .. su hermosa carta me causó mucha tristeza: si ahora también Ud. me abandona, tendré que llevar en adelante la vida de un languidecente jubilado desocupado. Pues, créame: el poeta que podría escribir un libreto que me fuera útil, no existe... Les he explicado una y otra vez al ministro Goebbels como a Goering que, desde hace 50 años, estoy buscando un libretista; muchas decenas de textos me fueron remitidas; he tratado con todos los poetas
alemanes... Un caso de suerte fue Salomé; Electra fue el comienzo de mis relaciones con el único Hofmannsthal; después de su muerte creía que debía renunciar para siempre y entonces un azar (¿se podría decir así?) me llevó hacia Ud. Y no lo voy a dejar, a pesar de que tengamos ahora un gobierno antisemita... Estoy seguro de que el gobierno no se opondría a una nueva ópera de Zweig si hablo sinceramente con el Dr. Goebbels, quien me aprecia mucho; tampoco se vería en ello una provocación. Pero ¿para qué plantear ahora innecesariamente interrogantes que dentro de dos o tres años se habrán resuelto por sí solos?"

Zweig le propone a Strauss el tema de La Celestina.
Strauss (2.iv.1935): "He hablado largamente en Berlín con el ministro y el secretario de Estado. Ambos declararon que una segunda ópera de Zweig no podía ser tolerada. Yo expliqué que Ud . ... se negó a continuar trabajando para mí pero que yo no podría estar sin trabajo durante los últimos años de mi vida (el cual solo puede tener que ver con el teatro pues la así llamada `música absoluta' ya ha terminado prácticamente con la Novena Sinfonía), que me parecía honesto decirle al ministro -pero solamente a él- que, si no encontrara otro libretista le seguiría componiendo a Zweig, pero secretamente para que nadie se enterara de ello (¡le ruego también el silencio más absoluto!), solo para el cajón, para mi placer, para mis herederos".

Zweig (16.ix.1935): "... quiero proponerle algo. Creo que sería tácticamente prudente si al final de la partitura de La mujer silenciosa (o al comienzo) pusiera la fecha cuando Ud. empezó con los primeros esbozos de la obra y cuando la terminó".

Esto evitaría inútiles discusiones pues se vería por las fechas que la ópera fue comenzada mucho antes de que ocurrieran los cambios políticos...". En los próximos meses Zweig sigue proponiendo al compositor varios-temas para nuevas óperas, entre ellos Semiramis de Calderón, Sardanapal de Byron, Amfitrion de Kleist y El salvador blanco, tema azteca de G. Hauptmann, proponiendo a Joseph Gregor como libretista, como también De Casti (Prima le parole, poi la musica, que se convertiría en Cappriccio, última ópera de Strauss, con libreto de Clemens Krauss, 1941).

Strauss (17.vi.1935): "Su carta del 15 me causa desesperación! iEsta obstinación judía! Y con todo esto, ¿cómo no volverse antisemita? jEste orgullo de raza, este sentimiento de solidaridad! iHasta yo siento que hay una diferencia! iCree Ud. que alguna vez, en cualquier situación, me importó que fuera germano! (Quizás. ¿Quién lo sabe?) ¿Cree Ud. que Mozart compuso conscientemente como "ario"? Para mí existen solo dos categorías de hombres: los que tienen talento y los que no lo tienen, y para mí el pueblo existe solo desde el momento en que se convierte en público. iMe importa un bledo si se compone de chinos, bávaros, neozelandeses o berlineses, siempre que pague el precio total de la entrada! ... ¿"quién le dijo que me expuse demasiado políticamente? ¿porque dirigí un concierto en lugar del mugriento y piojoso zopenco Bruno Walter? (¡Las palabras subrayadas fueron suprimidas en todas las biografías posteriores de Strauss!) ;Lo hice por la orquesta! ¿Porqué tomé el lugar de otro "no ario" Toscanini? ;¡Lo hice por Bayreuth! ¡Esto no tiene nada que ver con política! ¿Qué finjo representar al presidente de la Cámara de Música del Reich? Para hacer algo de bien y evitar males mayores; simplemente por responsabilidad artiítica! Bajo cualquier gobierno habría aceptado este fastidioso cargo artístico honorífico pero ni el emperador Guillermo ni el Sr. Rathenau me lo han ofrecido..."

Esta carta nunca llegó a destino; fue interceptada por la Gestapo y una copia fue remitida a Hitler. Consecuencias inmediatas: la ópera La mujer silenciosa fue retirada después de la segunda función con el pretexto de que la protagonista, Maria Cebotari, estaba enferma. Nunca más se representó bajo el gobierno nazi. Strauss fue obligado a renunciar a su cargo de presidente de la Cámara de Musica del Reich, organismo del cual dependían todas las actividades musicales en Alemania.

En un memorándum que Ileva fecha del 10 de julio, Strauss se refiere extensamente a esa denuncia y sus consecuencias: "El 6 de julio se presentó ante mí el Sr. consejero ministerial Keudell con la misión... de exigirme por mi `salud quebrantada´ que renunciara como presidente de la Cámara de Música del Reich. Esto hice inmediatamente. El Sr. von Keudell me mostró repetidas veces la copia de una carta privada a mi amigo y, hasta entonces, colaborador Stefan Zweig, con muchos subrayados en rojo, la que, a pesar de que en el sobre estaba consignado el remitente con su nombre completo, fue evidentemente abierta por la policía secreta sajona... No sabía que yo además como presidente estaba bajo control directo de la policía secreta después de la labor de toda una vida con 89 grandes obras, en todo el mundo reconocidas, que no estaba como `buen alemán´ encima de toda crítica. Sin embargo, sucedió lo inaudito: que el Sr. Ministro Goebbels me despidiera sin ni siquiera pedirme una aclaración con respecto a la carta secuestrada la que, a lectores incompetentes sin conocimiento de su prehistoria y sacada del contexto de una prolongada correspondencia sobre asuntos artísticos, ha de quedar completamente incomprensible.

La carta misma es la respuesta algo enojada a la negativa de Zweig de seguir colaborando conmigo para no perjudicarme en mi cargo de presidente de la Cámara, cargo políticamente muy expuesto, y no dar motivo para nuevas interpretaciones equivocadas como tampoco provocar el reproche de ser un arribista que pretendía conseguir un tratamiento especial como colaborador mío.
El comienzo de la carta sobre la obstinación judía de Zweig y su -sin duda comprensible- solidaridad con sus correligionarios perseguidos, contiene la respuesta sobreentendida de que un germano ciertamente jamás pensó si componía bastante alemán o ario. Nosotros, desde Bach, componemos lo que nos permite nuestro talento y somos arios y alemanes sin rendir cuenta de ello. Esto, sin duda, no puede calificarse de traición a la patria sino mas bien como fiel servicio a la misma, aunque tanto en el caso de Mozart como en el mío, un no-ario haya escrito el texto. El tercer pasaje, más gruesamente subrayado en rojo -y en esto discrepo quizá con el Dr. Goebbels quien, como estadista, naturalmente debe valorar el pueblo de otra manera- reza -e insisto, se trata de una opinión enteramente personal, expresada en una carta privada- que para mi el pueblo
comienza solo con los 2 millones superiores, desde el momento en que se convierten, como oyentes cultos, en público y han pagado el precio completo de la entrada, es decir no asistiendo por 15 o 30 centavos a Los maestros cantores o Tristán por lo que... los teatros sufren el mayor perjuicio material y, si han que cumplir con objetivos culturales más elevados, necesitarán cada vez mayores subsidios del Reich. Así que es también un problema artístico y no tiene nada que ver con mi propio bolsillo como se ha interpretado insidiosamente.
...Me incriminan que soy un antisemita servil y egoísta mientras que, por el contrario, todas las veces que pude hacerlo ante la gente gobernante (también para mi perjuicio) insistí que consideraba la persecución de los judíos por los Streicher y Goebbels como una vergüenza para el honor alemán, testimonio de pobreza, el medio de lucha más vil de la mediocridad perezosa, carente de todo talento contra una espiritualidad superior y de mayor talento. Confieso públicamente que he recivido de parte de judíos tanto apoyo, tanta amistad generosa y ayuda sacrificada y también estímulos espirituales que sería criminal si no lo reconociera con toda gratitud". ¡Y pensar que pocos días antes Strauss escribió a Zweig desde Dresde!.: "¿Si pudiera oír y ver nuestra obra aquí y cuán buena es, dejaría de lado todas sus preocupaciones raciales y reparos políticos con los que, incomprensible e innecesariamente, carga su rico cerebro de artista y escribiría tanto como pueda para mí... El Dr. Goebbels, quien estará aquí con su esposa el lunes, otorgará un subsidio oficial (para una representación de la ópera en Londres, la que fue suspendida).
Como Ud. Ve, ¡el malo Tercer Reich tiene también sus aspectos buenos! Además está anunciado el ministro de guerra Blomberg con siete oficiales extranjeros. Si viene o no Hitler, sobre esto se guarda aun silencio". Ni Hitler, ni Goebbels asistieron al estreno de La mujer silenciosa la que como ya mencionamos, con un pretexto, bajó del cartel después de la segunda función.
Con una carta de Zweig a Strauss, firmada por "Morosus" del mes de diciembre del mismo ano, terminó el intercambio epistolar entre ambos.

(LULÚ número 3, Abril de 1992)